Cuando el miedo me aleja de lo que quiero

Qué difícil se pone a veces la vida cuando debemos tomar decisiones y encargarnos de cumplir con las metas que nos proponemos, y puede ser aún más difícil cuando de esas decisiones depende nuestro futuro y la responsabilidad cae sobre nosotros. Puedo asegurar que cada uno de los que estamos aquí y los que no, en algún momento de la vida hemos tenido miedo; esa emoción que todos conocemos y que es tan incómoda de sentir; que llena nuestro cuerpo de pensamientos diciéndonos que todo va a salir mal. ¿Te sientes identificado? Sí, todos hemos estado ahí; el sudor frío en las manos, la aceleración del corazón, esas ganas de escaparse a una isla desierta donde los problemas y las decisiones importantes no existen. Pero la buena noticia es que el miedo, esa emoción que todos conocemos, tiene una función al igual que el resto. El miedo se experimenta cuando nuestro cuerpo identifica que estamos en peligro y su función se orienta a hacernos sobrevivir a esta situación peligrosa (Becerra, Madelena, Estanislau, Rodriguez y Dias, 2007).

¿Has escapado de situaciones donde el miedo llena tu cuerpo y los pensamientos te indican que lo peor puede pasar? Y la mejor solución en ese momento, es escapar de la situación. Tiene todo el sentido, si nos alejamos de lo que nos provoca miedo, la sensación corporal tan incómoda va a disminuir y en ese momento nos sentimos mejor. Sin embargo, a veces el miedo nos impide hacer cosas que quisiéramos hacer y que son importantes para nosotros. Recordemos que nuestro cerebro está diseñado para activarse cuando existe una situación que puede atentar contra nuestra vida o bienestar y es completamente funcional; sin embargo, cuando le decimos a nuestro cerebro que una situación es peligrosa, pero en realidad no atenta contra nuestra vida, ese miedo se puede convertir en un problema, haciendo que cada vez seamos menos tolerantes a situaciones que podemos considerar como peligrosas pero en realidad no lo son. (Ávila y Fullana, 2016).

Cuando nos damos cuenta que el miedo, nos ha alejado de cosas importantes, como un trabajo importante, o una persona que queremos, o el visitar un lugar que tanto anhelamos, podríamos considerar que podemos hacer algo frente a eso. La conciencia de la emoción y el cómo se comporta en tu cuerpo, qué sensaciones fisiológicas te genera o qué pensamientos tienes y qué haces con ese miedo; esto, te va a ayudar a identificar en qué situaciones ese miedo se presenta y cómo se comporta en ti, permitiendo conocer mejor tus diferentes respuestas y aumentando la posibilidad de lograr un mayor control cuando esto pasa. Es importante mencionar que con las emociones como el miedo, no podemos decidir ni controlar cuando aparecen y cuando se van; son respuestas a diferentes situaciones y cada una tiene una función específica.

Sin embargo, sí podemos controlar lo que hacemos con esas emociones; cuando escapamos del miedo que nos genera una situación que no atenta contra nuestra vida o bienestar, podemos ponernos en la tarea de verificar hechos y que tan efectivo es seguir escapando y si es congruente con lo que es importante para nosotros. Recuerda, el miedo no va a desaparecer, pero tienes control y puedes decidir hacerlo con el miedo encima.

Hanna Vargas, Psicóloga, Esp. en Psicología Clínica y Autoeficacia Personal

REFERENCIAS

Ávila, A. y Fullana, A. (2016). El miedo en el cerebro humano. Mente y Cerebro. Revista de Psicología y Neurociencias. 78. Recuperado de: https://www.investigacionyciencia.es/files/23528.pdf

BECERRA et al. ANSIEDAD Y MIEDO: SU VALOR ADAPTATIVO. Artículos desde 2007 hasta 2013. Desde 2020 visítenos en http://revistalatinoamericanadepsicologia.konradlorenz.edu.co/, [S.l.], v. 39, n. 1, p. 75-81, nov. 2010. ISSN 0120-0534. Disponible en: <http://publicaciones.konradlorenz.edu.co/index.php/rlpsi/article/view/571/406>. Fecha de acceso: 31 mar. 2021 doi:http://dx.doi.org/10.14349/rlp.v39i1.571.

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